Lucía duerme la siesta. Cuatro de la tarde. Suena la campanita molesta del Whatsapp. Me olvidé de poner el puto teléfono en silencio. Su profesora de teatro, Alicia, escribe escuetamente en el grupo: prepárense, hoy por primera vez vamos a practicar con textos y el emoji de sorpresa. ¡Al fin! Tiene que esperar hasta las siete de la tarde para ver de qué se trata. No pudo seguir durmiendo. ¿Dejar la improvisación? Pensó en el día, hace más de un año, en que tuvo la entrevista con Alicia. Le había preguntado: ¿Qué buscas en teatro? Yo quiero divertirme, olvidarme de todo, soltarme. Ahora es diferente. El escenario la hipnotiza. Sube, se divierte, se suelta pero busca algo más. Quiero más técnicas. Quiero probar mi memoria. Quiero fervorosamente encarnarme en la piel y las palabras imaginadas por alguien más. No puede esperar. Llega quince minutos antes de lo habitual a Espacio Arte Vivo. El nombre del lugar coincide plenamente con lo que acá se manifiesta. Alicia está ulti...