Pour la galerie
Reneé Victoria piensa su propio nombre repetidamente. “Con este nombre de realeza, no me puede hacer semejante desplante” itera la idea en su cabeza; se quiere convencer de la imposibilidad fáctica de tal actitud en Bastian. Recluida en el camerino, el primero del pasillo tras bambalinas, iluminada sólo por una lámpara de mesa cuya pantalla de lino está amarilla por el paso del tiempo, comienza a maquillarse. Sentada frente al espejo, sobre una banqueta de hierro negro, sin poder apoyar la espalda se encorva para agarrar cada uno de los ungüentos que usa para enmascararse. En cada movimiento se percibe la delicadeza y experiencia de Reneé Victoria. Mueve su delgada figura como si toda ella fuera una brocha, acompaña cada pincelada en su rostro con todo el cuerpo. En el fonógrafo, se escucha el lamento cantado de Edith Piaf que se mezcla con la música de cabaret que proviene del escenario. La p...

Comentarios
Publicar un comentario